viernes, 9 de noviembre de 2007

Programa número 23

En el último programa Omar Mouzakis realizó una semblanza sobre Alain Resnais, el cineasta francés (Vannes, 1922), de quien se está proyectando una retrospectiva en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martin.


Divagaciones sobre Alain Resnais

Alain Resnais escapa a toda regla o encasillamiento en lo que respecta al uso del lenguaje cinematográfico. En este aspecto carece de referentes y no reconoce parangón ni asimilación
-por lo menos no totalmente- con escuela, tendencia o corriente estilística alguna.
Su escritura cinematográfica le es enteramente propia. Empieza con él. Como artista del cine tal vez se parezca un poco a Orson Welles, sobre todo al Welles de Citizen Kane. Pero la semejanza no es propiamente en relación al estilo, sino en cuanto al empecinado perfeccionismo de los dos y a su afán de tener poder absoluto sobre todos los aspectos de cada obra. Resnais es entre los grandes autores del cine el único que logró, de verdad, “filmar” la memoria. Aunque sus películas relaten historias y sus personajes sean criaturas “reales” ocupadas y preocupadas por lo cotidiano, y que como todo ser humano sus conductas, su destino y sus tribulaciones estén determinados por los sucesos cotidianos, por las situaciones concretas que atraviesan y por lo fortuito de su devenir; no es eso lo verdaderamente importante.
Lo que atormenta o ilusiona y les otorga momentos de dicha, de temor o de incertidumbre o de infelicidad a estas personas-personajes no es lo que les ocurre “realmente” en el día a día, sino el cúmulo de sensaciones que estimulan esos sucesos y el modo en que ingresan en la memoria y luego fluyen de ella. Los suyos, los de Resnais, son personajes que se Develan Desvelados.
En esto radica la fuerza y el arte de Resnais. Eso es lo que impacta y noquea al espectador como un potente cross a la mandíbula. El maestro pone la MEMORIA en imágenes fílmicas: hace que se la vea y se la sienta. Y hace que se sepa, además, que la memoria tiene su propia dimensión espacio-temporal, y que esta dimensión poco tiene ver con el tiempo- espacio de lo cotidiano.
La memoria siempre vive en tiempo presente. Es concreta. Lo abstracto es el alma humana, que vive el presente evocando el pasado y se acongoja ante la incertidumbre del futuro.
El cine de Resnais aunque parezca abstracto es concreto.Es obvio que el psicoanálisis y el surrealismo -parientes cercanos entre sí que se nutren de lo onírico- influyen poderosamente en la obra del maestro. Pero en su relato cinematográfico cuelan también Proust y la fantasmagoría subyacente del horror nazi. Pero sin que de ningún modo pretenda separar forma de contenido, sino todo lo contrario, opino que el valor esencial y tremendamente renovador de su cine está en el lenguaje, en el estilo: en sus tomas y encuadres, en el uso del color, en la significación del montaje y la estética fotográfica, y en la respiración y la cadencia del relato, en esa su inigualable capacidad para lograr que lo arbitrario y lo fragmentario, que rompen y a cada rato se apoderan del discurso fílmico, sean en definitiva el recurso para lograr la armonía del todo.
Al fin de cuentas, la contradicción es el camino hacia la verdad. El cine de Resnais es de un alto refinamiento estético a la vez que de un elevado tono intelectual. Ergo, no son sencillos ni fácilmente asimilables sus filmes. Hay que ponerse en “onda” con Resnais, establecer con él vasos comunicantes y hallar las claves que nos permitan aprehender el sentido de lo expuesto, sin dejarse amilanar porque la apariencia nos haga ver a veces como inconducentes los laberínticos caminos explorados. Si encontramos el camino, entonces lo disfrutaremos de verdad. Supongo que a Resnais la palabra “entretener” le debe de resultar una de las más vomitivas del diccionario: “Sólo daré a aquel que quiera recibir”, nos dice la parábola bíblica. Quedó dicho que Resnais no partió ni abreva, específicamente, de ninguna corriente o escuela. Pero en cambio, vale conjeturar -en tanto el resultado final de lo que trasmiten sus películas- que corrientes y tendencias diversas se amalgaman en ellas. Allí están el magnetismo corrosivo y provocativamente libertario de la “Nouvelle Vague”, el torrente emocional del Neorrealismo, el oscuro intimismo de Antonioni, el acuciante rigor conceptual de Bergman, el despojamiento de Bresson, la introspección ético-moral del policial negro y el genio de Welles, claro que un poco menos irascible.
Pero, en definitiva, estas son meras impresiones de un aficionado al cine un poquitín cultivado como soy yo.

Veamos ahora lo importante, lo que el maestro dice de sí mismo:"Mis películas son un intento aún muy tosco y primitivo de acercamiento a la complejidad del pensamiento, de su mecanismo... Todos tenemos dentro imágenes, cosas que nos determinan y que no son una sucesión lógica de actos perfectamente encadenados. Me parece interesante explorar ese mundo del subconsciente, desde el punto de vista de la verdad, si no de la moral”.

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