sábado, 1 de diciembre de 2007

El Francotirador

El domingo 25 de noviembre 24 Latidos dedicó parte de su programa a la película "El Francotirador", título con la que se conoció aquí en Argentina a"The Deer Hunter".

A continuación una semblanza de Omar Mouzakis sobre el film de Michael Cimino, que se exhibió ese mismo día en la sala Leopoldo Lugones del Teatro Gral. San Martín.

"El CAZADOR" es un filme sorprendentemente bello y majestuosamente entrañable que bucea y explora en las profundidades del alma humana como pocas veces la ha explorado el cine.
El Cazador no es un filme sobre la guerra, ni una vindicación ni una condena de la misma.
Mucho menos se propone, en lo profundo, indagar específicamente sobre el tema vietnamita y esa sucia guerra. Sí en como influyó en un puñado de combatientes norteamericanos, y sí también, en el retrato del entorno social previo y posterior a la derrota (Un dato: esa es la primera y única guerra perdida por los Estados Unidos, justo cuando disponía de una de las generaciones de jóvenes más brillantes de su historia).
Es cierto que oscuros intereses manipularon el asunto tratando de acercar aguas a enfrentados molinos del sectarismo. Y lo lograron. Pero el filme, como pocos, es un momumental alegato sobre la dignidad individual, tema este casi doctrinal en el pensamiento norteamericano: la dignidad individual es la esencia de su cultura, su fundamental y definitivo basamento ético.
De esto se trata. Esta temática subyace en toda la literatura norteamericana, diría que partiendo de Walt Withman y asentándose, sobremanera, en el inmenso Dashiell Hammett, que aparte respaldó su preocupación por la dignidad individual con su formidable conducta personal (en muchos aspectos Mike-De Niro se parece a Hammett).
"El Cazador" es un desgarrador documento ético, sólo posible de ser asumido, legitimado y exaltado por la cultura y la historia de los norteamericanos, cuyos pilares son el valor de la dignidad indivivual, el compromiso ético, la exaltación de la virilidad como patrimonio inalienable y el respeto y la fidelidad a la palabra dada.
La poética y atribulada suma de estos valores ha sido, a mi juicio, la nutriente creativa de este gran fílme, que se yergue, entre tinieblas, como un atormentado grito de dignidad individual y auténtica virilidad, de la capacidad de inmolarse por otro y la de vivir del único modo que se puede vivir: siendo uno fiel a sí mismo. Por supuesto: es también un canto a la amistad y, muy especialmente, al orgullo norteamericano de ser norteamericanos.