viernes, 18 de enero de 2008

Titón

Programas pasados, dedicamos parte del programa a recordar a este director en 24 Latidos.
A continuación pueden conocer más acerca de este cubano perteneciente al movimiento llamado Nuevo Cine Latinoamericano.
Tomás Gutiérrez Alea (11 de diciembre de 1928 – 16 de abril de 1996)

Gutiérrez Alea es el cineasta cubano de ficción más representativo de su país, además de haber sido uno de sus pioneros más renovadores. Escribió y dirigió más de 20 largometrajes, documentales y cortos entre los años 60-70. Fue miembro fundador del movimiento llamado Nuevo Cine Latinoamericano, o Cine Libre o Cine Imperfecto, que tuvo como adalid la lucha revolucionaria contra el neocolonialismo, y como bandera la identidad cultural de los pueblos. Este movimiento rechazaba tanto la maquinaría industrial hollywoodense como el cine europeo de autor. En el caso norteamericano por su matriz deformadora y proimperial, y en el segundo, porque según su óptica, respondía a preocupaciones individualistas burguesas. Por el contrario, el Nuevo Cine Latinoamericano hacía énfasis en lo colectivo y bregaba por la construcción del cambio revolucionario.
Era un cine asumidamente “pobre” que subordinaba lo estético a lo social. Por lo que, en cierto modo, sucumbía a la tentación de separar forma de contenido, en su intento por hacer realidad el famoso concepto del “compromiso” revolucionario, tanto de parte del autor como el del espectador, que en este caso debería ser estimulado por la obra para convertirse en un sujeto activo del cambio social.
Tomás nació en el seno de una familia de clase social acomodada pero con ideas políticas de avanzada. Tras graduarse como abogado en la Universidad. de La Habana, partió a Roma en 1951 y se inscribió en celebérrimo Centro Sperimentale di Cinema (también estudiaron allí Néstor Almendros y Manolo Puig). Se graduó en 1953. Y regresó a Cuba muy influenciada por el Neorrealismo.
Inmediatamente de instalados los revolucionarios “barbudos” en el gobierno de Cuba, Titón Gutiérrez Alea, y Julio García Espinosa, acompañados por una pléyade de jóvenes cineastas, fundan el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico) Todos eran firmes y entusiastas partidarios de la Revolución, y era para ellos motivo de legítimo orgullo el convertirse, a través de la realización películas, en propagandistas de la entonces joven e imaginativa revolución que no sólo en Cuba sino en resto del mundo era apreciada como un refrescante soplo libertario.
Los integrantes del ICAIC veían en el cine el arte moderno más adecuado y propicio para difundir el pensamiento revolucionario entre las masas. Consideraban al cine más como una herramienta militante que como una expresión creativa. En este sentido el ICAIC fue vanguardia e iluminó a todo el cine político latinoamericano de la época. Siendo, sin duda, Santiago Álvarez el referente y artífice de este movimiento. A su enorme talento se deben la originalidad de los noticieros y los fabulosos documentales que produjo y filmó. No son pocos quienes le adjudican el “invento” del ahora archi-moderno “clip”. Esta Tierra Nuestra fue el primer documental realizado tras el triunfo revolucionario.
No obstante, en Titón el artista tenía la misma dimensión que el militante. Fue por eso que incursionó con idéntica eficacia tanto en la ficción como en el documental
Su primera película trascendente fue Muerte de un burócrata (1966) una suerte de homenaje a la historia de la comedia cinematográfica, e incluye alusiones directas a filmes de, entre otros, Buster Keaton, Laurel y Hardy y Buñuel. El filme narra las peripecias de un joven que recorre montones de reparticiones oficiales con la intención de lograr exhumar el cadáver de su tío que fue enterrado con su identificación. El pobre no está muerto y quiere probarlo, y cada paso que da el asunto se le torna más imposible. La burocracia estatal quedaba muy mal parada en el filme.
No obstante, su obra maestra –y a mi juicio la de todo el cine cubano– es Memorias del Subdesarrollo (1968). Fue, además, la primera película cubana post-revolución que se exhibió en los Estados Unidos.
El filme, basado en una novela de Edmundo Desnoes, narra la vida de un intelectual burgués que atraviesa un agudo conflicto moral e ideológico y atraviesa preso de sus contradicciones la etapa que va de la invasión norteamericana a la Bahía de Cochinos hasta el estallido de la Crisis de los Misiles.
Gutiérrez definió al filme como un “collage… con un poco de todo.” La libertad creativa con que aborda la obra es tan rica como original para esos tiempos. Sin someterse ni rechazar ninguno, Titón apela alternativamente a distintos estilos narrativos de acuerdo a lo que le convenga al relato y al énfasis o al distanciamiento que necesita para abordar cada tramo del discurso narrativo. Por eso el espectador se encontrará con secuencias que lo remitan a ciertos movimientos de masas típicos de Eisenstein, o planos secuencias cámara en mano, o planos generales estáticos o fotos fijas e imágenes de archivo, fragmentos de películas norteamericanas y también de noticieros o de discursos de Fidel y JFK. Pero a pesar de la aparente dispersión la unidad del filme es casi perfecta, precisamente porque Gutiérrez Alea se propuso darle a la obra unidad en la diversidad, cosa que respondía a un presupuesto creativo formal pero también de hondo contenido ideológico. Por contraste, este estilo fílmico ofrecía una opción alternativa al clásico modelo narrativo norteamericano. De modo que Titón con esta obra ya daba la batalla al modelo norteamericano no sólo en lo estrictamente ideológico político sino además en el plano de lo cultural y lo estético.
No obstante, su adhesión nunca vacilante y jamás abandonada por la Revolución liderada por Fidel, en todos los filmes de Gutiérrez Alea subyace un espíritu crítico hacía la sociedad, el individuo cubano y ciertos aspectos de la propia Revolución. Ningún trabajo suyo podrá ser confundido con la mera propaganda ni con el panfleto complaciente. En todos sus filmes hay arte e independencia, no se hallan vestigios de dogmatismo más allá de los de su propio convencimiento y sí una profunda dignidad de pensamiento.
Él lo explicaba de este modo: “…el cine proporciona un elemento activo y de movilización que estimula la participación en el proceso revolucionario. Por eso, no es entonces suficiente realizar un cine moralizante basado en el arengar y exhortar. Se necesita también un cine que promueva y desarrolle la actitud crítica. Pero el dilema es ¿cómo criticar y al mismo tiempo consolidar la realidad en la cual nos hayamos sumergidos?”
Una pelea cubana contra los demonios (1972) y La última cena (1976) tienen en común que se ambientan en la Cuba colonial española. Lo cual le permite a Titón mirar el presente nacional desde una perspectiva histórica y agudamente reflexiva. Ambas son obras que analizan y desmenuzan contradicciones e hipocresías en la sociedad cubana, tanto individuales como colectivas, sin atarse exclusivamente al fácil maniqueísmo de culpar de todo mal social al imperialismo, la religión o la esclavitud.
Entrados los 90, Titón se enferma y se ve obligado a codirigir sus dos películas siguientes con su amigo Juan Carlos Tabío. La primera, Fresa y Chocolate (1993) se convirtió en la primera película cubana nominada para los Oscars de la academia para la mejor película extranjera. La película cuenta la conflictiva relación entre un estudiante marxista convencido y un artista homosexual muy asumido y nada bien visto. Es una obra valiente y tierna a la vez, que le costó Gutiérrez Álea sus buenos quebraderos de cabeza habida cuenta de la persecución cada vez más ostensible del regímen hacia los homosexuales.
Guantanamera, de 1995, es su filme póstumo. Y el viejo león apela a la comedia romántica para arremeter otra vez como un Quijote contra los dos molinos de viento que siempre lo atormentaron: el subdesarrollo y la burocracia.
A estas alturas, ya no quedan dudas que Titón comparte con Santiago Álvarez el mérito de ser el más grande cineasta de Cuba y uno de los popes de la maravillosa y flámigera generación de cineastas que a partir de mediados de los cincuenta y sobre todo en los años sesenta iluminarón con su talento, su compromiso vital y su enorme dignidad artística la tal vez más grande epopeya coléctiva del cine latinoamericano.
Filmografía:

El Mégano (1955) –
Película documental, en colaboración con Julio García Espinosa, Alfredo Guevara, José Massip
La toma de La Habana por los ingleses (1958)
documental
Esta tierra nuestra (1959) –
docuemental
Historias de la revolución (1960) –
Ficción
Las doce sillas (1962) – Ficción.
Cumbite (1964) – Ficción.
Muerte de un burócrata (1966) – Ficción.
Memorias del Subdesarrollo (1968) – Ficción.
Una pelea cubana contra los demonios (1971) – Ficción.
La última cena (1976) – Ficción.
Los sobrevivientes (1979) – Ficción.
Hasta cierto punto (1983) – Ficción.
Cartas del parque (1988) – Ficción.
Contigo en la distancia (1991) – Ficción.
Fresa y Chocolate (1993) - co-dirigida con Juan Carlos Tabío, Ficción.
Guantanamera (1995) - co-dirigida con Juan Carlos Tabío, Ficción.

sábado, 1 de diciembre de 2007

El Francotirador

El domingo 25 de noviembre 24 Latidos dedicó parte de su programa a la película "El Francotirador", título con la que se conoció aquí en Argentina a"The Deer Hunter".

A continuación una semblanza de Omar Mouzakis sobre el film de Michael Cimino, que se exhibió ese mismo día en la sala Leopoldo Lugones del Teatro Gral. San Martín.

"El CAZADOR" es un filme sorprendentemente bello y majestuosamente entrañable que bucea y explora en las profundidades del alma humana como pocas veces la ha explorado el cine.
El Cazador no es un filme sobre la guerra, ni una vindicación ni una condena de la misma.
Mucho menos se propone, en lo profundo, indagar específicamente sobre el tema vietnamita y esa sucia guerra. Sí en como influyó en un puñado de combatientes norteamericanos, y sí también, en el retrato del entorno social previo y posterior a la derrota (Un dato: esa es la primera y única guerra perdida por los Estados Unidos, justo cuando disponía de una de las generaciones de jóvenes más brillantes de su historia).
Es cierto que oscuros intereses manipularon el asunto tratando de acercar aguas a enfrentados molinos del sectarismo. Y lo lograron. Pero el filme, como pocos, es un momumental alegato sobre la dignidad individual, tema este casi doctrinal en el pensamiento norteamericano: la dignidad individual es la esencia de su cultura, su fundamental y definitivo basamento ético.
De esto se trata. Esta temática subyace en toda la literatura norteamericana, diría que partiendo de Walt Withman y asentándose, sobremanera, en el inmenso Dashiell Hammett, que aparte respaldó su preocupación por la dignidad individual con su formidable conducta personal (en muchos aspectos Mike-De Niro se parece a Hammett).
"El Cazador" es un desgarrador documento ético, sólo posible de ser asumido, legitimado y exaltado por la cultura y la historia de los norteamericanos, cuyos pilares son el valor de la dignidad indivivual, el compromiso ético, la exaltación de la virilidad como patrimonio inalienable y el respeto y la fidelidad a la palabra dada.
La poética y atribulada suma de estos valores ha sido, a mi juicio, la nutriente creativa de este gran fílme, que se yergue, entre tinieblas, como un atormentado grito de dignidad individual y auténtica virilidad, de la capacidad de inmolarse por otro y la de vivir del único modo que se puede vivir: siendo uno fiel a sí mismo. Por supuesto: es también un canto a la amistad y, muy especialmente, al orgullo norteamericano de ser norteamericanos.

viernes, 9 de noviembre de 2007

¡Fiesta de 24!!


24 Latidos cumple 24 programas,

y para tal fin tiramos la casa por la ventana...

Abrá brindis, invitados, juegos, y en especial mucha música.


Música de cine, por supuesto.

Cada integrante del programa va a elegir un tema, y no solo nosotros, también los oyentes van a participar.

La consigna principal: Un tema de película.

¿De qué película? ¿Por qué?

Nota: No es excluyente dar tantas explicaciones...



24 Latidos se emite todos los domingos de 11 a 12 hs, por la Voz de las Madres

AM 530, la primera del dial.




Directores: Omar Mouzakis y Pablo Hofman.

Producción General: Laura Spinelli

Directora de Arte: Alicia Borelli

Directora de Fotografía: Mariana Russo

Asistente de Cámara: Nora Soruco


Programa número 23

En el último programa Omar Mouzakis realizó una semblanza sobre Alain Resnais, el cineasta francés (Vannes, 1922), de quien se está proyectando una retrospectiva en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martin.


Divagaciones sobre Alain Resnais

Alain Resnais escapa a toda regla o encasillamiento en lo que respecta al uso del lenguaje cinematográfico. En este aspecto carece de referentes y no reconoce parangón ni asimilación
-por lo menos no totalmente- con escuela, tendencia o corriente estilística alguna.
Su escritura cinematográfica le es enteramente propia. Empieza con él. Como artista del cine tal vez se parezca un poco a Orson Welles, sobre todo al Welles de Citizen Kane. Pero la semejanza no es propiamente en relación al estilo, sino en cuanto al empecinado perfeccionismo de los dos y a su afán de tener poder absoluto sobre todos los aspectos de cada obra. Resnais es entre los grandes autores del cine el único que logró, de verdad, “filmar” la memoria. Aunque sus películas relaten historias y sus personajes sean criaturas “reales” ocupadas y preocupadas por lo cotidiano, y que como todo ser humano sus conductas, su destino y sus tribulaciones estén determinados por los sucesos cotidianos, por las situaciones concretas que atraviesan y por lo fortuito de su devenir; no es eso lo verdaderamente importante.
Lo que atormenta o ilusiona y les otorga momentos de dicha, de temor o de incertidumbre o de infelicidad a estas personas-personajes no es lo que les ocurre “realmente” en el día a día, sino el cúmulo de sensaciones que estimulan esos sucesos y el modo en que ingresan en la memoria y luego fluyen de ella. Los suyos, los de Resnais, son personajes que se Develan Desvelados.
En esto radica la fuerza y el arte de Resnais. Eso es lo que impacta y noquea al espectador como un potente cross a la mandíbula. El maestro pone la MEMORIA en imágenes fílmicas: hace que se la vea y se la sienta. Y hace que se sepa, además, que la memoria tiene su propia dimensión espacio-temporal, y que esta dimensión poco tiene ver con el tiempo- espacio de lo cotidiano.
La memoria siempre vive en tiempo presente. Es concreta. Lo abstracto es el alma humana, que vive el presente evocando el pasado y se acongoja ante la incertidumbre del futuro.
El cine de Resnais aunque parezca abstracto es concreto.Es obvio que el psicoanálisis y el surrealismo -parientes cercanos entre sí que se nutren de lo onírico- influyen poderosamente en la obra del maestro. Pero en su relato cinematográfico cuelan también Proust y la fantasmagoría subyacente del horror nazi. Pero sin que de ningún modo pretenda separar forma de contenido, sino todo lo contrario, opino que el valor esencial y tremendamente renovador de su cine está en el lenguaje, en el estilo: en sus tomas y encuadres, en el uso del color, en la significación del montaje y la estética fotográfica, y en la respiración y la cadencia del relato, en esa su inigualable capacidad para lograr que lo arbitrario y lo fragmentario, que rompen y a cada rato se apoderan del discurso fílmico, sean en definitiva el recurso para lograr la armonía del todo.
Al fin de cuentas, la contradicción es el camino hacia la verdad. El cine de Resnais es de un alto refinamiento estético a la vez que de un elevado tono intelectual. Ergo, no son sencillos ni fácilmente asimilables sus filmes. Hay que ponerse en “onda” con Resnais, establecer con él vasos comunicantes y hallar las claves que nos permitan aprehender el sentido de lo expuesto, sin dejarse amilanar porque la apariencia nos haga ver a veces como inconducentes los laberínticos caminos explorados. Si encontramos el camino, entonces lo disfrutaremos de verdad. Supongo que a Resnais la palabra “entretener” le debe de resultar una de las más vomitivas del diccionario: “Sólo daré a aquel que quiera recibir”, nos dice la parábola bíblica. Quedó dicho que Resnais no partió ni abreva, específicamente, de ninguna corriente o escuela. Pero en cambio, vale conjeturar -en tanto el resultado final de lo que trasmiten sus películas- que corrientes y tendencias diversas se amalgaman en ellas. Allí están el magnetismo corrosivo y provocativamente libertario de la “Nouvelle Vague”, el torrente emocional del Neorrealismo, el oscuro intimismo de Antonioni, el acuciante rigor conceptual de Bergman, el despojamiento de Bresson, la introspección ético-moral del policial negro y el genio de Welles, claro que un poco menos irascible.
Pero, en definitiva, estas son meras impresiones de un aficionado al cine un poquitín cultivado como soy yo.

Veamos ahora lo importante, lo que el maestro dice de sí mismo:"Mis películas son un intento aún muy tosco y primitivo de acercamiento a la complejidad del pensamiento, de su mecanismo... Todos tenemos dentro imágenes, cosas que nos determinan y que no son una sucesión lógica de actos perfectamente encadenados. Me parece interesante explorar ese mundo del subconsciente, desde el punto de vista de la verdad, si no de la moral”.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Héctor Alterio habló con 24 Latidos

Con sus flamantes 78 años, Héctor Alterio recordó sus inicios en el teatro independiente en el Teatro del Pueblo y el Nuevo Teatro; su incursión en el teatro profesional y su carrera cinematográfica a partir de los ´70, como así también su trayectoria de más de 30 años en España.

En “24 latidos”, que se emite los domingos a las 11 por AM 530 “La Voz de las Madres”, el actor confirmó que en marzo de 2008 estrenará en Buenos Aires, junto a José Sacristán, una comedia francesa bajo la dirección de Oscar Martínez y que así “tendrá el tiempo suficiente para cargar pilas, recuperar sonidos, calles, comidas y olores”.

En el ciclo radial, se puede escuchar sobre la actualidad del cine argentino y latinoamericano, entrevistas a grandes directores y actores, los secretos de producción de las películas más recordadas y la música que despierta emoción.

Ya pasaron por el programa los actores Ricardo Darín, Germán Palacios; los directores Pino Solanas, Albertina Carri, Lucía Puenzo, Juan Pablo Young, Pablo Zubizarreta, Lorena Muñoz, Andrés Habberger, Sebastián Moreno, Sergio Miranda; el sonidista Abelardo Kurchnik y el escritor Osvaldo Bayer.

Omar Mouzakis y Pablo Hofman son los proyectoristas de aquellas películas que siempre quisimos volver a ver, las que no miramos y las que no podemos dejar de mirar. El equipo se completa con las cortadoras de negativos Alicia Borelli, Nora Soruco y Laura Spinelli.

martes, 2 de octubre de 2007

24 latidos... por segundo

Este es el blog de 24 Latidos, el programa de radio que se emite todos los domingos a las 11 am por la Voz de las Madres AM 530.

Todos los domingos a las 11, el cine late en "La Voz de las Madres".
Omar Mouzakis y Pablo Hofman son los proyectoristas de aquellas películas que siempre quisimos volver a ver, las que no miramos y las que no podemos dejar de mirar.

La actualidad del cine argentino y latinoamericano, entrevistas a grandes directores y actores, los secretos de producción de las películas más recordadas, la música que despierta emoción, entre otras anécdotas, se podrán escuchar todos los domingos en “24 Latidos”.